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PREÁMBULO A UN DIÁLOGO SOBRE LA ÉTICA COMO BIEN PRIVADO Y PÚBLICO

Por Mauricio Cardona E.

“Nunca dudes que un pequeño grupo de ciudadanos pensantes y comprometidos
pueden cambiar el mundo. De hecho, son los únicos que lo han logrado.”
Margaret Mead

INTRODUCCIÓN

Por estos días (junio de 2019), está naciendo una gran iniciativa: la ALIANZA COLOMBIA ÉTICA. Movimiento social liderado por un Grupo Gestor, formado por cuatro organizaciones: la Asociación Antioqueña para la Cultura (ASAC), el Centro Internacional de Responsabilidad Social y Sostenibilidad – CentroRS , Dos Puntos Editores y Guion Fundación para el Desarrollo Humano; así mismo, cuenta con 8 importantes aliados institucionales.

Nunca antes se había tenido una época más llena de retos, llamados y oportunidades como en esta época de «crisis». Están acá de cara a un reto que podría decirse que es “la restauración de nuestra humanidad”, como lo expresa Neal Donald Walsh en “La tormenta antes de la calma”. Parafraseando a Otto Scharme; Están acá, habiendo aceptado el reto de repensar la ética como bien privado y público, con la actitud de no hacer un ejercicio meramente intelectual sino vivencial, dispuesto a tocar la interioridad, abriendo la mente, abriendo el corazón y abriendo la voluntad.

Deben escuchar los distintos llamados que hoy se le hace, con una respuesta contundente a esta invitación al recordar lo que dice Otto Scharmer: “Para responder a los retos de nuestro tiempo, debemos cambiar nuestra manera de pensar como personas y como sociedad.

Existirán relaciones pacíficas, se cuidarán y administrarán bien, haciendo de la ética un bien común, cuando los seres humanos estén integrados en paz, interiormente y con los ecosistemas , se haya recuperado la verdadera identidad, en una vida donde el amor sea el propósito más elevado. Es evolucionar “de los egosistemas a los ecosistemas” (Scharmer).

A lot of people in the street with colombian flags, Bogota Colombia August 3/2019.

RECORDAR QUIENES SOMOS

El ser humano podrá asumir y reconocerse como criatura que ha sido situado en el concierto de la creación entera de la vida misma. Una buena parte de la humanidad ha olvidado su identidad y también, los valores de la pertenencia y la ubicación.

En el mapa de la búsqueda de sentido se ha desdibujado en mucho la consciencia de especie, la consciencia de los ecosistemas y la consciencia planetaria; los cuales, en una perspectiva integral, macro sistémica y ecosistémica, son valores clave como guías para la acción positiva; el daño climático antrópicamente inducido es el efecto nocivo más visible de este sinsentido, siendo quizás el desafío más grande que tiene la humanidad de hoy en su agenda de desarrollo. En el marco de la ecología integral recordemos que todo está relacionado con todo, formando una amplia y compleja unidad.

Hoy, este tema debe figurar en toda agenda que pretenda guiar hacia el proceso de restauración de la humanidad. Es el propósito superior común de la población terrestre si quiere que la vida sea el don del amor al que todos tengan derecho y disfruten por igual.

Los seres humanos han olvidado reconocerse como seres vivos. El valor de la vida en sí mismo se ha debilitado, por eso no se cuida. Se desconoce todo lo que implica ser un ser vivo, es decir, lo que implica la vida misma, de la cual son una unidad con todo lo demás. Se olvidó la sabiduría de muchas comunidades ancestrales en donde se sabía vivir en verdadera comunión con la naturaleza; se es uno con la tierra, con la vida. Se debe volver a la democracia de la Tierra / de la vida (Movimientos “Green new deal” y “Extinction rebellion“).

La sociedad es descuidada y viene de una cultura “desinformada” (con una profunda desinformación sobre sí mismos). Parece que saben muchas cosas externas, pero sabe muy poco de sí misma. Con el mundo de los objetos se relaciona fácilmente y ha vuelto objeto todo con lo que se relaciona, incluyéndose a sí misma; ¿pero y el sujeto de la observación del mundo de los objetos, o sea los humanos como dadores de significado y sentido? Poco les importa eso en la dinámica del olvido colectivo (adormecimiento). Se puede volver a pensar en la búsqueda de sentido que, como lo dijo Viktor Frankl, subyace en lo más profundo de la interioridad. ¿Cuál es la verdadera identidad y cuál se ha creído que es? Ahí existe un territorio por recorrer, para el cual, el mapa de viaje está borroso en esa parte.

Como lo instruye Mathieu Ricard, si aprenden a integrar y reconciliar, en el horizonte de tiempo en el que se vive, las dimensiones de corto, mediano y largo plazo, habrán avanzado mucho en el proceso de expansión de la consciencia humana.

En el corto plazo, que rige cada vez más las economías, se enfocan más en satisfacer los intereses particulares y necesidades materiales, en el mediano plazo, que concierne más a la calidad de vida de los seres humanos, ocupándose del bienestar de las personas, en tanto que en el largo plazo, que tiene que ver con el medio ambiente, se suelen ocupar del bien común y del cuidado del ecosistema (el cual naturalmente posee una gran tendencia al autocuidado- es autopoiético).

Parece ser que el gran reto es no vivir con una mentalidad cortoplacista, que suele correlacionar con una mentalidad egoica y del no cuidado de todo lo demás; Otto Scharmer dice que la historia de la economía es una proyección de la evolución de nuestra consciencia.

La visión dualista fragmentada pierde cada vez más aceptación, en tanto que nuestro espíritu que anhela vivir en plenitud, siente el contento del corazón con una incursión experiencial en el no-dualismo o la visión unitiva de la realidad. Esta parece ser la base de la paz interior requerida para la paz relacional en todos los órdenes.

Recordando quienes somos valoraremos más la vida, entenderemos nuestro parentesco con la familia de todas las formas de vida y con las cosas del mundo natural que son partes de nuestra propia identidad y existencia.

RECORDAR EL PODER AUTÉNTICO

El mundo está pendiente de que los seres humanos aprendan a utilizar bien el poder personal interior. La mayoría de los problemas, dilemas y contradicciones planetarias tienen su origen en el mal uso del poder personal. Ocurren cuando las personas y la dirigencia utilizan mal su poder auténtico, es decir, cuando este poder se utiliza únicamente para satisfacer los intereses personales o el bien particular, usualmente con una visión inmediatista y cortoplacista que suele desconocer las consecuencias y el impacto sobre todo lo demás del mundo en el mediano y largo plazo, o en el bien común. En cambio, se vive en armonía, y se facilita el desarrollo y el progreso, cuando el poder auténtico, o el poder interior natural de los seres humanos, se cultiva y se pone al servicio de los demás y del bien común. Esta es la base del verdadero liderazgo, fundamento de la salud organizacional y social. Los fenómenos recientes del mundo nos evidencian esta ausencia de poder auténtico.

Los seres humanos llegaron a creer que el poder consistía en el ejercicio de la voluntad sobre otras personas. Esto fue el resultado de una consciencia egoica, en donde lo que se valoraba era competir, dominar, y controlar, como resultado de la creencia de que la exploración (y explotación) del mundo exterior era lo que tenía sentido, era suficiente para el desarrollo de la humanidad y para lograr la felicidad del hombre. Quienes lograban acumular herramientas materiales, sociales y psicológicas para dominar a otros se consideraban poderosos. Y la trampa del ego, que induce a identificarse con la imagen de que dicha capacidad de control externo es poder real, ha hecho que nos sintamos poderosos (inclusive seres humanos valiosos) cuando podemos ejercer dominio sobre otros.

Hoy en día se sabe que el poder así concebido, el que llamamos poder externo, puede tener consecuencias catastróficas. Por ello, por los resultados visibles del poder externo en el mundo moderno, emerge hoy en la humanidad una nueva consciencia que entiende el poder de otra manera. A esta otra manera se le llama poder auténtico, que es un poder basado en la armonía interior de cada uno de nosotros, y en una armonía relacional con los demás, con el cosmos y con la fuente vital de la vida. Esa es la base del auténtico liderazgo.

Liderazgo, realmente, es el cultivo de nuestro poder interior auténtico el cual en todas nuestras relaciones se pone al servicio de los demás para que los otros cultiven su propio poder interior auténtico y en libertad, autonomía, responsabilidad y consciencia, actúen como deben actuar hacia el bien común y la sostenibilidad de la creación entera. Solemos utilizar la palabra líder para denominar a cualquier persona que está en posiciones de dirección o jefatura, pero realmente un líder es quien ejerce liderazgo de sí mismo y se pone al servicio de los demás para que puedan hacer lo mismo (líderes de sí mismos).

Recordando quien es y sabiendo vivir en el cuidado, se valorará más el uso responsable y amoroso del poder auténtico, convirtiéndose en la base ética para la armonía con la creación entera. Desde ahí emanará una fuente nueva de luz y transparencia tan necesarias hoy en día.

LA NECESIDAD DEL CUIDADO (Vivir en el Cuidado)

En la raíz de las grandes disrupciones planetarias que estamos atestiguando hoy en día está la necesidad de integridad, en el cuidado de sí mismos, en el cuidado de los otros en todas nuestras relaciones, y en el cuidado de todos los sistemas vivos del planeta (de la vida misma).

Habiendo olvidado el cuidado, el ser humano está confundido y perdido, y desde este estado de consciencia no distingue la acción moral del discurso de la ética; de ahí la confusión entre fines y medios, y la acción corrupta que surge como respuesta fácil a los intereses egoicos de la personalidad.

Como anota Leonardo Boff en Derechos del Corazón: “Amor y cuidado forman una pareja inseparable. Si se produjese un divorcio entre ambos, el uno o el otro morirían de soledad. El amor y el cuidado constituyen un arte. Todo lo que se cuida también se amamos y todo lo que ama también se cuida y todo cuanto vive necesita ser alimentado y sustentado, eso mismo vale para el amor y el cuidado, estos se alimentan de la afectuosa preocupación del uno por el otro. Como dice la frase francesa, quand tu es mal, je souffre («cuando tú estás mal, yo sufro»).” También, en otra parte dice: “Se hace menester otra realidad que se combine con la sostenibilidad: el cuidado. Este constituye una relación amorosa, no agresiva y protectora de los procesos vitales.” […] “Antes de nada, el cuidado es una constante cosmológica. Si las energías originales y los primeros elementos no se hubieran regido por un sutilísimo cuidado para que todo se mantuviera en su debida proporción, el universo no habría surgido y nosotros no estaríamos aquí escribiendo sobre el cuidado…el cuidado es una actitud de relación amorosa, suave, amigable, armoniosa y protectora de la realidad personal, social y ambiental.” […] “…el cuidado está ligado a cuestiones vitales que pueden significar la destrucción de nuestro futuro o el mantenimiento de nuestra vida sobre este pequeño y bello planeta. Solo viviendo radicalmente el cuidado garantizaremos la sostenibilidad de nuestra Casa Común y de nuestra vida. La sostenibilidad y el cuidado, dentro del arco de la responsabilidad colectiva, constituyen los fundamentos capaces de sostener otro tipo de civilización más amiga de la vida, más respetuosa de los límites de los bienes y servicios de cada ecosistema y, finalmente, con capacidad de garantizar un mundo mejor para nuestros hijos y nietos.”

El papa Francisco también hace especial énfasis en la ética del cuidado, en su encíclica Laudato Si, sobre el cuidado de la Casa Común, observando: “La actitud básica de autotrascenderse, rompiendo la conciencia aislada y la autorreferencialidad, es la raíz que hace posible todo cuidado de los demás y del medio ambiente, y que hace brotar la reacción moral de considerar el impacto que provoca cada acción y cada decisión personal fuera de uno mismo.” (208) […] “La paz interior de las personas tiene mucho que ver con el cuidado de la ecología y con el bien común, porque, auténticamente vivida, se refleja en un estilo de vida equilibrado unido a una capacidad de admiración que lleva a la profundidad de la vida.” (225) […] “En este marco, junto con la importancia de los pequeños gestos cotidianos, el amor social nos mueve a pensar en grandes estrategias que detengan eficazmente la degradación ambiental y alienten una cultura del cuidado que impregne toda la sociedad.” (231) [..] “Ya hemos tenido mucho tiempo de degradación moral, burlándonos de la ética, de la bondad, de la fe, de la honestidad, y llegó la hora de advertir que esa alegre superficialidad nos ha servido de poco. Esa destrucción de todo fundamento de la vida social termina enfrentándonos unos con otros para preservar los propios intereses, provoca el surgimiento de nuevas formas de violencia y crueldad e impide el desarrollo de una verdadera cultura del cuidado del ambiente.” (229) En la sociedad planetaria de hoy luchar contra el olvido del cuidado de la consciencia moral será un gran paso evolutivo para dar en nuestro proceso de humanización colectiva.

Recordando quienes son, valorarán más la vida y entenderán que las cosas del mundo no son para utilizarse al antojo egoico, sino que son bienes comunes por cuidar.